Cuando hay discapacidad visual la música se ve con los dedos

 Perla Noguera
Alegre, amable, paciente, perseverante, muy divertida: esos son los calificativos que utiliza hoy Albin Méndez, de 15 años de edad, para definir a su maestra de guitarra, Yenny Colina. Y sólo luego confiesa que unos meses atrás, cuando llegó para su primera clase al Museo del Teclado -ubicado en Parque Central, Caracas-, lo primero que le impactó fue percatarse de la discapacidad visual de quien habría de enseñarle a vérselas con las seis cuerdas, los 19 trastes y el infinito universo de melodías que encierra el instrumento.«Yenny nos enseña ejercicios para la habilidad de las manos, los dedos, la técnica, así como los tonos para trabajar piezas de nuestro interés. Antes sabía muy poquitas notas y sólo dos canciones. Desde hace cuatro meses estoy con ella ya interpeto más piezas y he aprendido a llevar el ritmo y el tiempo musical».

Para este joven, habitante del sector popular Brisas de Propatria (en la parroquia Sucre, Caracas), el mayor aprendizaje ha sido entender que las personas que padecen una discapacidad no son menos que otras. Su entusiasmo por la música, gestado en el Liceo Bolivariano de Formación Cultural Fermín Toro, en el centro de la ciudad -donde estudia 3º año-, va en aumento desde que su nueva maestra le enseñó que la música, cuando de veras se le ama, siempre se puede ver.

Ojos que sonríen

La mayor satisfacción de Yenny Colina -nacida en San Mateo, estado Aragua, hace 33 años-, quien lleva la cátedra de guitarra en el Museo del Teclado desde el pasado 16 de abril, ha sido integrarse con todo tipo de personas. «Y enseñarle a la gente que la música, aparte de ser un relajante, es parte de mi vida. Yo le demuestro a mis alumnos mi alegría. Siempre me acompaña una sonrisa».

Efectivamente, sus ojos sonríen sin que para nada se lo impida su discapacidad visual congénita, que heredó de su madre. El año pasado fue contratada por la Alcaldía de Caracas y en abril comenzó su cátedra grupal en el Museo del Teclado, donde forma a adolescentes videntes, los lunes y jueves de 4:00 a 6:00 de la tarde y los miércoles de 3:00 a 5:00 de la tarde.

Sus compañeros de trabajo destacan su puntualidad. Y es que no es fácil ser puntual cuando se vive en Charallave, estado Miranda: son apenas unos 30 kilómetros hasta la capital, pero el recorrido incluye ferrocarril y Metro y toma fácilmente dos horas y media.

Vocación y musicografía Braille

Su vocación musical la descubrió en la Casa Hogar de Niñas Ciegas de El Junquito, estado Vargas, donde se crió desde los 2 hasta los 23 años, pues su madre, quien también estudió en la institución, no podía criarla sola y acudió al apoyo de las monjitas del lugar.

«En el patio de recreo había un piano, y cada canción que escuchaba la quería interpretar. Allí comencé a recibir clases de teoría y solfeo y musicografía, a través de la lectoescritura de música en braille».

Sus estudios en teoría y solfeo, así como la parte coral, los desarrolló luego en instituciones como la Academia de Música Juan Sebastian Bach y las escuelas de música Juan Manuel Olivares y Prudencio Esáa, todas en Caracas.

En la casa hogar dio clases de cuatro y guitarra y dirigió una coral. Por sus manos pasaron desde niños de 10 años hasta adultos, con y sin discapacidad visual. Más tarde, en 2010, «tuve una vida personal bastante loca, digamos, y me fui sola a Argentina para estudiar música, pero no se cumplieron mis expectativas», cuenta con picardía.

Colina resalta que las personas con discapacidad visual tienen, por lo general, inclinaciones hacia la música, debido al desarrollo que se da en ellas del sentido del oído. «Lo que uno hace es ayudar a descubrir ese talento y estimularlos a desarrollarlo».

La técnica universal que usan estas personas es la de musicografía en Braille, o lectoescritura en relieve. El sistema Braille se basa en una matriz de seis puntos. A partir de esa matriz se obtienen 63 combinaciones que permiten construir diferentes alfabetos, incluido el código del lenguaje musical.

«Se enseña la musicografía como si fuera un alfabeto, en base a esos seis puntos, Braille) y las notas se representan con las letras que van de la D a la J (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si).

«Las figuras que se emplean en la música para representar los tiempos (blanca, negra, redonda, corchea, semi corchea), tienen su representación con los puntos en distintas ubicaciones. Por ejemplo, si se trata de una nota Sol en redonda, se le colocan dos puntos de más a la letra correspondiente a esa nota; si es una Si blanca, un solo punto a la izquierda de la letra respectiva, y así con todas».

Para aprender a dirigir corales, Colina se sirve de los tiempos musicales: «Por lo general, todo el mundo carga partitura. Yo no. Bendito sea Dios por la memoria que tengo. Si uno se lo propone, uno puede explotar mucho este don».

Guataca y partitura

Estuardo Quiñones, director del Programa de Educación Especial del Sistema de Orquestas y Coro del estado Aragua, explica que cuando se monta una pieza musical, lo primero que hace el director de la agrupación es analizar sus ritmos y tonos. «Y el montaje propiamente comienza cuando escribimos la parte de cada quien en musicografía Braille».

Naturalmente, en este programa también utilizan grabaciones de la pieza, para escucharla y luego trabajarla en ensayos seccionales y generales. «No obstante, después de aprendérsela por guataca, como se dice cotidianamente, los alumnos deben aprender a escribir la música, para tener como apoyo su partitura».

Y explica que, efectivamente, la musicografía Braille permite determinar la cifra indicadora del compás -en qué tiempo va a ir la pieza-, la tonalidad o las alteraciones de sonido que se van a introducir en ella -si es mayor, menor, sostenidos o bemoles- y la identificación de octavas -ubicación de la altura del sonido o el registro-, todo lo cual varía según el instrumento que se vaya a interpretar.

Desde hace 11 años, Quiñones dirige la cátedra de Musicografía Braille en el mencionado programa, que funciona en el Complejo Cultural Santos Michelena, de Maracay. Allí, de lunes a viernes, desde las 8:00 de la mañana hasta el mediodía y de 2:00 a 6:00 de la tarde, se forman aproximadamente 140 niños y jóvenes con discapacidades cognitiva, auditiva, visual y motora.

Quienes quieren sumarse al programa deben pasar por un proceso de evaluación a cargo de un equipo de psicólogos, al tiempo que se evalúa también su inclinación musical. En febrero se hacen las listas de aspirantes, en marzo comienzan las entrevistas y entre mayo y junio son las preinscripciones e inscripciones para el nuevo año escolar.

Quiñones hace la salvedad de que durante todo el año aceptan niños con discapacidad auditiva y visual, para los que suele haber un cupo mayor que la demanda. Actualmente son 26 los alumnos con ceguera en el programa.

Ver, sentir y amar la música

Defintivamente, la música no presenta dificultad alguna que impida a las personas con discapacidad visual el goce de interpretarla. La saxofonista Virgina Linares, de 67 años, lo dice con conocimiento de causa, pues ha tenido es trastorno desde el nacimiento. Y también ella se sirve de la musicografía Braille para preparar sus repertorios, aunque lo que más le apasiona es interpretar la música popular latinoamericana.

Para Linares, eso es vida y alegría. Dice que aprendió a sentir y a amar la música a través del saxo. Dice, y quien la escucha tocar sabe que hay que creerle, que ve a través de la música.

«Dios ha puesto este maravilloso arte en mis manos para llevar mensajes de paz, de alegría, de fe, de esperanza, de optimismo y de amor, y para demostrar que puedo vivir con esta condición y no a pesar de ella».

Esta dama -ferviente católica- es oriunda de Pedraza, estado Barinas, y actualmente vive en la parroquia caraqueña de Coche, donde desde hace 30 años comparte una casa con una vieja amiga cuyos hijos son como nietos para ella. «Además, tengo muy buenos amigos, mi gente de mi parroquia, que son mis hermanos en Cristo».

Cuando tenía nueve años comenzó a estudiar música en el Instituto Venezolano de Ciegos, entonces ubicado en Las Acacias, parroquia San Pedro, y actualmente en Bello Monte, municipio Baruta, estado Miranda.

Tras 25 años de jubilada como maestra de primaria y de música, se dedica a amenizar eventos socioculturales y también es organista en la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación, donde coordina un coro y está siempre presta para quienes le solicitan participar en algún evento.

«Hay que aprovechar al máximo las capacidades que tenemos. Las ‘limitaciones’ nos las imponemos nosotros o nos las imponen otros. El ser humano es capaz de lograr lo que quiera, siempre y cuando tenga la voluntad, el deseo y los medios para realizar sus metas», concluye.

Perla Noguera AVN

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