Gabriela, clavo y canela: Amor y política eclipsados en la bahía brasileña

 Osjanny Montero
En 1958 el brasileño Jorge Amado publicó una novela que es considerada la más pintoresca y sensual de su pluma. Gabriela, clavo y canela se presenta como un engranaje de nostalgias con ecos en el poblado costero de Ilhéus, una tierra alumbrada por el cacao, las pasiones y los vaivenes políticos.La tonada “El perfume del clavo,/ el color de la canela/ yo vine de lejos/ vine a ver a Gabriela” surge en las primeras páginas de la obra para mostrar a la columna vertebral de la historia: Gabriela, una mulata de piel tostada, que con su ingenuidad y picardía es responsable de humores tiernos y, al mismo tiempo, del salvajismo de los hombres.

La mulata escapa de su pobre pueblo en búsqueda de una tierra fecunda donde alcanzar sus sueños, resumidos en ser feliz, cubrir las necesidades alimenticias y divertirse con el circo o el baile en las calles pueblerinas.

Al llegar a Ilhéus, la pintoresca tierra se descubre con un mar a su orilla, unas calles empolvadas de habladurías, sacerdotes que bautizan a sus propios hijos y una duda ferviente entre la querencia por la tradición apacible y la curiosidad por ver el progreso.

Raimundo Bastos, “el coronel” al mando del pueblo por decenas de años, considera que las necesidades de Ilhéus se resumen en cosechar la tierra, reunirse a charlar en el bar y aceptar sus imposiciones, vistas por él mismo como sabias y oportunas.

Su tranquilidad como gobernante se verá quebrada cuando una tarde, al puerto de la bahía, llegue de la capital el visionario Mundinho Falçao, quien sueña con revolucionar a esas tierras mediante el aprovechamiento de su cacao.

Convertir a Ilhéus en tierra del cacao, en ciudad turística, en lugar de ricos restaurantes y paisajes pintados de progreso será la meta trazada por Mundinho al pisar suelo costeño.

En medio de las guerras de poder, la silueta curvilínea de Gabriela caminará sin complicaciones por el pueblo hasta conquistar a un pragmático árabe de buen corazón llamado Nacib, quien le ofrecerá trabajo, amor y hogar. ¿Qué más podía pedir la morena? Se puede cuestionar el lector, sin saber que ella, pese a la época, también era una visionaria en pleno Brasil de 1925.

La mujer trabaja para el árabe, cocina para su negocio y encanta a todos los clientes con sus “frituras”, “sus caldos” y sus dulces bien resueltos que elevarán la clientela en el bar Besubio. Pero lo que ella no sabe es que parte de esos clientes son hombres y asisten por la tentadora idea de ver sus piernas moverse debajo de sus vestidos frondosos.

Mientras Mundinho y Raimundo se disputan el poder en el pueblo; uno por ser heredero de una tradición y otro por representar un cambio, Gabriela y Nacib inician una fogosa relación en la que la carne será principio y fin de desgracias por venir.

Un profesor enamorado de su virginal alumna, una mujer que espera en la ventana, un hombre que descubre la infidelidad de su mujer en plena consulta odontológica y la cabellera suelta de la mulata serán los entretelones coloridos que sazonarán los días del pueblo bañado por agua salada.

Un primer cambio despistará al lector. Gabriela acepta sumisa la invitación del viejo Nacib de contraer matrimonio civil, pero lo acepta más por diversión que por necesidad de hogar o protección. La noche siguiente a las nupcias, la vida de la mujer cambiará: Don Nacib ansía que ella sea una “señora de sociedad” con zapatos altos y vestidos de seda.

Gabriela solo quiere jugar, cocinar sus bocados para el restaurante, caminar con sus sandalias por las calles y detenerse en a “echar un pie” con niños, ancianos y “mozos lindos” que seducidos por su contoneo.

Su ingenuidad la conducirá a carnes ajenas y con esto el veneno del despecho fatigará sus días de ensueño y de mujer casada.

La ley del pueblo establecía que todo un hombre “burlado” por su mujer debía caer en sangre y recorrer las calles en un ataúd. Pero el amor y la madurez de Nacib prefirieron buscar otra solución.

La pareja acuerda separarse. El pueblo apuesta por su transformación y la sangre conservadora se desborda tras el miedo de perder su poder. Los cambios en Ilhéus son irreversibles.

Coroneles, sacerdotes, dueños de plantaciones, pueblo y políticos inician una batalla por su propio destino: el llamado progreso tocará a la puerta de sus habitantes y con ella la calmada Ilhéus se vestirá de cacao, de “pensamiento moderno” y de noches con comercios abiertos para el cine, teatro y conciertos musicales.

La mulata y el pragmático árabe descubrirán en ese cambio una manera de vivir su amor, más allá del papel legalizado de la unión, de los fogones de la cocina y de las habladurías de un pueblo que vota por adueñarse de su destino.

Jorge Amado nació en agosto de 1912 en Itabuna, Brasil, y murió en Salvador de Bahía en 2001. Es considerado uno de los autores más destacados de América Latina por conjugar la sensualidad de su país con las transformaciones políticas del mismo.

Escribió las novelas El país del Carnaval (1931), Los subterráneos de la libertad (1954), Doña Flor y sus dos maridos (1966), Tieta de Agreste (1977), La desaparición de la santa (1988), De cómo los turcos descubrieron América (1994) y otros relatos de ficción./AVN

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s