Nicolás Guillén, Poeta de Cuba, del Mundo

Noel Manzanares Blanco

Sin lugar a dudas, me quito el Sombrero para evocar la trascendencia de mi coterráneo, el Poeta Nacional de Cuba, quien mucho tiene  que ver con el hecho que el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO hace tres años le otorgara a su cuna la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad, a quien le celebramos este 10 de julio un siglo y un año de existencia —justamente porque pertenece a los eternos—, al camagüeyano Don Nicolás.

Consta en su biografía que Guillén vino al mundo con la impronta de su padre, un revolucionario y poeta; que pudo realizar estudios primarios en su ciudad natal, donde se graduó de bachiller en 1919; que, sin embargo, se ganó la vida en varios empleos como tipógrafo y reportero; que matriculó Derecho en la Universidad de La Habana, en el curso 1921-1922, pero tuvo que abandonar la carrera un año después…

Pero la Poesía devino su inseparable amor, obsesión, razón de ser.

Está consignado que sus primeros versos fueron publicados en la revista Camagüey Gráfico, al filo del comienzo de la década del veinte de la pasada centuria; que por entonces estableció contacto con el grupo literario de Manzanillo, a cuya cabeza se hallaban Manuel Navarro Luna y Juan Francisco Sariol; que en 1920 fue corresponsal con el poeta Vicente Menéndez Roque de la página literaria del periódico Las Dos Repúblicas, cuya primera época había dirigido su padre.

También es sabido que al llegar a La Habana, hizo amistad con Rubén Martínez Villena, un Poeta de talla mayor y posteriormente Líder del Movimiento Obrero y Comunista a escala nacional; que en el primer número de la revista universitaria Alma Mater, publicó los sonetos “Al margen de mis libros de estudio” que sirvieron para denunciar el estado de un estudiante universitario en aquellos días; que por ello pudo contactar con quien más hizo por Cuba en menos tiempo, Julio Antonio Mella.

El retorno a su Camagüey en 1922, lo condujo a la redacción del periódico El Camagüeyano y estuvo a cargo de la sección “Pisto Manchego”, en la que mezclaba, con suma gracia, temas de actualidad nacional e internacional con el anuncio de productos comerciales; al tiempo que fundó Lis, una revista que duró poco. Por esa época redactó Cerebro y corazón, su primer libro de poemas, que no llegó a publicarse en aquel momento pero sí aparece recogido por Ángel Augier en el primer tomo, segunda edición (1965), de su fundamental biografía Nicolás Guillén; notas para un estudio biográfico-crítico.

Es en 1927 cuando el Poeta Mayor regresa a La Habana. Allí, colaboraba con el Diario de la Marina en la página “Ideales de una raza”, a través de numerosos artículos contra el prejuicio racial. Mas, sus Motivos de son, escrito tres años después, fue la apoteosis del  la época: devino la entrada del Son a la poesía como una forma rítmica apoyada en una visión de la gracia, el color y la vida explotada del negro cubano, lo que le trajo la atención de crítica y lectores.

No obstante, pasado un año ve la luz Sóngoro cosongo —libro que es saludado con una carta de un grande, Miguel de Unamuno—, y a partir de allí Guillén y su obra adquieren una difusión destinada al infinito; mientras que con la “Elegía a un soldado vivo” (1937) lanza un verdadero programa revolucionario, a pesar de considerarse como maestra su “Elegía a Jesús Menéndez” (1951).

Igualmente, reza que en el propio 1937, Guillén formó parte de la delegación cubana que   asistió al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en plena guerra civil española; aparece militando en las filas del primer Partido Comunista de Cuba, y desde 1953 hasta 1958, durante la tiranía de Batista, tuvo que permanecer exilio.

Como es de suponer, al triunfo de enero de 1959, el hijo ilustre del Camagüey regresa a la Patria a entregarle sus mejores energías a la Revolución Cubana. Por ello,   luego de dos años, participa en el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba que tuvo lugar en La Habana, resulta electo Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y permanece presidiendo en esa organización hasta 1985.

Fue precisamente en el III Congreso de la UNEAC, efectuado en 1982, donde se hizo una acotación que hago mía, toda vez que resalta cómo Nicolás Guillén “significa el más alto ejemplo actual de vida y obra creadoras, que por su fidelidad inquebrantable a la tradición patriótica y revolucionaria de la cultura cubana, ha sido capaz de expresar, con vigoroso genio artístico, la sensibilidad, el carácter, el proceso histórico y el espíritu combativo de un pueblo, de un ámbito geográfico y de una época”.

Al mismo tiempo, de sus tantísimas enseñanzas poéticas, encuentro a dos que en este instante quiero destacar: TENGO (1964), de donde me hago acompañar siempre por “Tengo, vamos a ver,/ tengo lo que tenía que tener”; mientras que de su “CHE COMANDANTE” (1967), me ilumina “No porque hayas caído/ tu luz es menos alta”.

He aquí, grosso modo, nuestro Nicolás Guillén, POETA y REVOLUCIONARIO, de Cuba y del Mundo, persona que nos dijo adiós en La Habana el 16 de julio de 1989, pero que desde entonces y más que nuca es un Guardia de la Cultura Cubana. Kaosenlared

ML

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s