“Yo ando por los pueblos oyendo sus quejas”: Leandro Díaz


Leandro Díaz
 Roberto Romero Ospina, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación
Hoy, 22 de junio, se detuvo el corazón de uno de los más grandes juglares vallenatos. Toda la prensa le rinde homenaje y hasta el mismo presidente Santos. Pero pocos saben o lo quieren ignorar, que Leandro Díaz estuvo comprometido con las causas del pueblo y le rindió homenaje a los mártires de la Unión Patriótica.
Fue tan grande su compromiso que en plena guerra sucia contra la UP, se atrevió a participar en el Noven Festival del semanario Voz, órgano de ese movimiento, aquel domingo 19 de julio de 1987 donde cantó sus piezas inolvidables y le dio su saludo ante miles de personas. Reproducimos un reportaje con el poeta y cantor del Valle de Upar, publicado en Voz en junio de ese año dondemuestra su espíritu de lucha. Sus declaraciones sobre el vallenato guardan plena vigencia.
En San Diego, un pueblo de calles polvorientas al pie de la Serranía del Perijá, 30 kilómetros al oriente de Valledupar y cuyas brisas le recuerdan su vecina Guajira, vive Leandro Díaz, grande entre los cultores de la música vallenata.
Y vive más exactamente en un inmenso patio con casa pues allí le gusta pasar el día cuando no se encuentra en alguna de esas invencibles parrandas de acordeón, bajo la sombra de mamoncillos, almendros, guayabos, mangos y limonares.

Un bosque en la casa

Porque para Leandro el bosque casero es el sitio preferido para almorzar, echar una siesta, recibir a los amigos, conversar con Helena Clementina Ramos, su mujer desde hace 30 años o ensayar paseos y puyas con su hijo Ivo Luis, de 23, quien le sigue los pasos. El año pasado (1986) fue coronado Gran Rey de Piquería en el Festival Vallenato.
Pero los gigantes frutales que él mismo ayudó a sembrar no los puede ver. Debe contentarse con su aroma. Ciego de nacimiento, ha desarrollado, sin embargo, un peculiar sentido de las cosas. Y no solo las referentes a la naturaleza sino las que tienen que ver con el acontecer social sobre el que destila punzantes reflexiones de contenido revolucionario.
Que lleva versos como en el paseo “Soy”: Yo soy el hombre que ha perdido el miedo/para decirles, a los de arriba lo que son/de fiesta en fiesta mantienen al pueblo/para que nunca estalle la revolución
Sus composiciones en 42 años de auténtico juglar, suman ya 300, entre ellas “Matilde Lina” y “La diosa coronada”. Esta última sirvió de inspiración a García Márquez para referirse a la protagonista de su novela, Fermina Daza, en el ”El amor en los tiempos del cólera”, que comienza precisamente con un epígrafe de dos líneas de la conocida pieza de Leandro Díaz: “En adelante ahí van estos versos a la diosa coronada”.
En compañía de Luis Ropero y Ulisis Ospina, dos poetas de la región y del profesor Edgar Marbello, lo visitamos a la víspera de la toma campesina a Valledupar y en pleno “Veranillo de San Juan”, estación quizá llamada así por los pobladores buscando con el diminutivo que el tiempo de infiernos de esta época se vuelva más benigno gracias a la magia de las palabras.

Limosnero o creador de versos

De padres labriegos y con vena musical, desde niño le estuvo dando a latas y cajas entonando boleros y rancheras de moda por los años 40. La pobreza y la desesperanza de las tinieblas lo hicieron pensar que no tendría más oficio en la vida que el de pordiosero.
Pero las mujeres lo salvaron como siempre le ha ocurrido, según recuerda. Cuando fue a despedirse de Isabel Amaya, conocida como la Chave, el amor de los quince, tocó a la puerta un limosnero. “Díganle que no tengo plata”, ordenó su amiga. Entonces Leandro, comprendiendo que sería tratado igual, desechó el camino de la mendicidad.
Se decidió por la creación de versos para cantarlos a lo largo del viejo Magdalena recibiendo las primeras monedas, pero sobre todo curtiéndose para la vida.”Dejé de andar desnudo y ya con ropa, como me lo había prometido, regresé a donde la Chave”, confiesa.

Cuando captar es tanto como ver

-¿Y desde cuando tiene conciencia de la necesidad de los cambios revolucionarios? Incluso usted habla de que la alternativa es el socialismo.
-Desde hace mucho tiempo he venido pensando en estas cosas de que el pueblo ha sufrido mucho y como yo ando por los pueblos oigo las quejas. Yo no miro pero escucho y capto. Se nota desde tiempos la inconformidad, pero antes era muda, no hablaba. Pero ahora la gente no calla y busca una salida y que para mí no puede ser otra que el socialismo.
-¿Pero ha tenido en estos tiempos contacto con revolucionarios?
-Muy pocos. Yo ando con toda la gente y voy tomando algo de cada uno.
-¿Y cuando toma contacto con los latifundistas nota que ellos no son inconformes?
Casi siempre piensan en sus intereses egoístas. Es muy raro que piensen en los demás.
-¿Y los criticas?
-No, yo los oigo hablar no más.
-¿Lo quieren tanto como su pueblo?
-Bueno, a mí me tratan bien, no he tenido problemas y me llaman muchos ganaderos a sus fiestas.

Las parrandas con el pueblo

-¿Entonces, cantas para ellos
-No, yo canto para el mundo y mis parrandas las hago más con el pueblo. Inclusive a mí me gusta que una chica del pueblo me pida una canción. Ando más con el pueblo que con el rico. Y por no ser así el pueblo se resiente con algunos artistas después de que los han hecho crecer. Hay artistas que llegan hasta negar su origen.
-¿Olvidándose de los problemas de la gente?
-Yo al contrario soy de los que voy a visitar a la gente y me gustan los sancochos del pueblo.

La Unión Patriótica busca los cambios con el pueblo

-¿Qué le parecen las marchas campesinas que se han tomado a Valledupar?
-Me parecen impresionantes. Es que los campesinos empiezan a tener ya conciencia de su propio dolor.
-¿Qué piensa de la ola de violencia antipopular que azota al país?, incluso aquí cerca, en Becerril, en Semana Santa, mataron a un concejal de la Unión Patriótica.
-No, si a la Unión Patriótica le han matado unos cuántos, pero es porque busca con el pueblo que haya cambios y los que están mandando no quieren aceptar. Y la violencia se debe a eso, a la disparidad social. Es que este es un país que vive tan disparejo como los dedos de la mano. Pero todas las revoluciones del mundo necesitan lucha y sacrificios y la sangre del pueblo, por desgracia. Y todo puede morir en el hombre menos sus ideales y aunque dure siglos estos terminan por llegar.
-¿Pero cómo parar estos crímenes?
-Ante todo con la unidad del pueblo que mucho nos hace falta para terminar con los enemigos. Y eso nos costará muy caro. Están tomando conciencia que la cosa va para adelante y tratan de frenarla lo más posible. Esa es la explicación a la campaña de exterminio. Los enemigos poderosos no se van a quedar quietos. Pero si con haber triunfado Cuba a la Revolución todavía la atacan y no dejan un día de hablar mal de Fidel Castro. Es que el enemigo no duerme.

Los primeros maestros

-¿Cuándo comenzó a componer alguien le dio ese primer impulso que necesita el poeta para crear?
-Desafortunadamente no tuve ese maestro directo que me impulsara. A mí me motivaron Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta, El Viejo. Pero no sabían que yo existía. Mantenían una gran rivalidad y sus canciones se escuchaban mucho. Yo entablaba con la música de Lorenzo Morales mis encuentros con otros pelados de mi edad haciendo coplas que cantábamos en las fiestas. Pero Morales y Zuleta hicieron la competencia más bella que ha tenido el vallenato.
-¿Y qué ha pasado con todos esos muchachos?
-Se quedaron en el anonimato.
-¿Por falta de atención?
-Sí, y también porque en ese entonces no había grabadoras donde se pudiera dejar testamento. Y lo importante de una fiesta vallenata     era esa creatividad espontánea. Pero ha quedado perdida.
-¿Y solo le ha compuesto a la mujeres del pueblo?
-Siempre. Yo nunca le he compuesto a las niñas de la sociedad. A la mujer que yo le he cantado es a la mujer de mi clase.
-A Matilde Lina la hizo famosa en ese paseo
-Era una campesina. O es, porque aun vive en Valledupar. Y a muchas como a Carmencita, Cecilia, María Helena…

Los romances de la imaginación

-¿Tuvo acaso un romance con Matilde Lina?
-Yo creo que la imaginación fue la del romance.
-¿Eso fue aquí por aquí en San Diego?
-Sí, por aquí en el río Tocaimo. Yo fui de paseo al río y ahí fue cuando la pensé. Me llamaban la atención unos pajaritos que cantaban a la orilla del Tocaimo en la finca de Toño Murgas que se llama Santa Fe. Había solo cultivos de algodón. Yo siempre al mediodía me iba al río y un día de esos cuando me sentía enamorado, sabiendo que si se está lejos de la amada más se le quiere, de pronto se me vino a la imaginación la mujer y me inspiré en ella.
-¿Cómo hace para componer, con la ayuda de alguien?
-No, yo me aprendo de memoria, pedacito a pedacito cada canción y le voy poniendo la música. Cuando ya la tengo la ensayo con los muchachos de algún conjunto. A veces con Toño Salas que es un acordeonista bien teso.

A los ricos les daba vergüenza el acordeón

-¿Los ricos siempre han bailado el acordeón?
-Sí, toda la vida. Lo que pasa es que al principio lo hacían a escondidas pues le daba vergüenza por ser una música que venía del pueblo. Ahora se lo han tomado alejando al pueblo de sus creadores que prefieren tocarles a los personajes y a los políticos. Por eso el pueblo colma la Plaza Alfonso López en Valledupar para poder verlos pero el Festival es cada abril. El resto del año le toca resignarse con las emisoras porque ni a una caseta puede entrar.
-La gente está dividida con respecto al vallenato. La vieja añora el de antaño mientras que los jóvenes prefieren a un “Binomio de Oro”. ¿Cuál es su opinión?
-Yo prefiero el viejo vallenato. La música que hacen hoy es una mezcla de boleros, merengues y hasta rancheras y eso no es vallenato.
-¿Pero no es lógico que al ir evolucionando la misma gente debe evolucionar el vallenato?
-Pero es que no hay tal evolución. Yo acepto los cambios siempre que vengan de la misma creatividad original y no con elementos extraños a las raíces del vallenato.
-¿Entonces es preocupante la situación del vallenato?
-A mi me preocupa la situación actual del vallenato. Los Ovalle, Macías, no se diferencian de los Roberto, Rosendo. Componen lo mismo: el mismo amor, la misma negra y la misma tontería. No hay creatividad. Y lo voy a poner más claro. Salen en un Festival 100 canciones vallenatas y en dos jornadas quedan tres y la ganadora jamás la canta el pueblo.
-¿Por qué?
-Porque no tienen ningún mensaje y menos raíces del pueblo. Es una canción que se hace de la universidad a la cama. Hay que preguntarle a un muchacho de ahora qué es folclor, cómo lo ha vivido, cómo lo ha sentido. Los compositores no van a los pueblos sino van a hablar con la chica más bonita y con los dueños de la provincia y así cómo. Es que estos músicos son como el arco iris, mucho colorido y al tronco que nace no vuelve.

La complicidad de las disqueras

-¿Y se está perdiendo la poesía?
-Claro y que está en el propio origen del vallenato. Se le entrega, por ejemplo, una creación al mejor intérprete y no se le graba como usted quiere sino como se le viene en gana en complicidad con las casas disqueras haciendo una gran distorsión.
-¿Puede citar algún caso?
-Pero que han hecho conmigo. Le cito el caso de “La diosa coronada” que grabó el año pasado Alfredo Gutiérrez. Lo deja a uno desconcertado.
-¿Quiénes son los que mejor interpretan sus obras?
-Son muchos pero hay dos con el acordeón que yo siempre destaco más: Emiliano Zuleta Díaz y Colacho Mendoza y entre los cantantes a Jorge Oñate.
-La poesía la lleva en el vallenato el cantador que es el extracto de lo que el mismo pueblo hace, como anota Tomás Darío Gutiérrez. ¿Opina lo mismo?
-Estoy de acuerdo con Tomás. Y fíjese usted que los festivales vallenatos no son de cantores o de compositores sino de ejecutantes de acordeón. Solo desde el quinto se impuso el canto. Nosotros los compositores estamos como el décimo lugar.
-Por lo que se nota usted no tiene una buena opinión de los festivales
-De los festivales vallenatos soy inocente. Yo lo que soy es un compositor independiente. De los veinte que han hecho solo asistí a tres. En el primero me sacaron porque era cantante. Pero en ese entonces no había tantos intereses creados. En otra ocasión cuando me convencieron ser jurado para la canción inédita, me dejaron abandonado en la tarima. Y en 1983, cuando vino García Márquez, me pasó lo peor. Entonces yo no vuelvo a eso.
¿Qué le pasó?
-Fui a tocar en una fiesta en Valledupar y me puse de acuerdo con Gabito quien andaba solo pero que había que atender. Acababa de ganar el Nobel. Entonces, después de terminar el Festival, no tuve a dónde dormir, ni un carro ni un amigo que me trajera a mi casa y me tocó amanecer en Valledupar. Pasé el día solo con una gaseosa que me regaló una muchacha. A Gabo se lo llevaron enseguida, pero a mí me abandonaron.

(Apartes de una entrevista publicada en Voz el 15 de junio de 1987)

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