Los pinceles de Miguel Guevara mezclan realidades impregnadas de revolución

guevara“Yo llevo en mi alma esta revolución” dice complacido el pintor, diseñador y publicista nacido en Carúpano, estado Sucre, y adoptado por los amaneceres caraqueños, Miguel Guevara, para quien el ejercicio plástico está tocado por el delirio de la realidad tridimensional que siempre desea plasmar en sus cuadros.

En su obra ha representado la faceta pedagógica del Cantor del Pueblo, Alí Primera, de quien recuerda aquella anécdota en la que le habla a un niño sobre la libertad de los pájaros mientras caminan por calles boscosas. “Yo pinte a Alí enseñando”, manifiesta orgulloso el hombre cuyo pincel ha retratado episodios tan heroicos como los sucesos del 4 de febrero de 1992.

En su obra Preludio y ocaso el pintor dispone en el espacio de un caballo blanco, un par de hienas, una espada y la imagen del soldado Hugo Chávez.

“Representa aquel momento en que Chávez no pudo llegar al Palacio de Miraflores. El caballo representa la fortaleza con que se intentó entrar a Miraflores, la libertad de un pueblo y su dignidad. El palacio envejecido es la IV República, el bipartidismo derrumbándose y la espada de Bolívar significa la patria que pronto se iba a levantar”, describe el artista.

Antes de despertarse su pasión por el tema histórico, Guevara transitó por los caminos de bodegones, retratos, paisajes, figuras geométricas y situaciones cotidianas. Sin embargo, ahora, en esta etapa política-histórica se siente cómodo porque es una forma de demostrar su compromiso con la Venezuela Bolivariana.

“Mi actividad revolucionaria la hago a través de la pintura. Con mis cuadros he podido hablar de igualdad, justicia, discurso social y también he levantado mi voz contra el capitalismo e imperialismo”, expresa.

En estos momentos comparte su arte con colectivos populares como Trazos Urbanos y también participa en la Red Bolivariana de Artistas Plásticos; ambos movimientos le han dado la oportunidad de organizarse y emprender nuevos proyectos.

Aunque confiesa que escoger el arte como vida es duro, también reconoce que “no me veo en otra cosa, yo moriré pintando porque amo lo que hago”.

Y la pasión no es cosa recién nacida. Su inquietud nació en su natal Carúpano cuando sólo tenía seis años. Los colores lo llamaban y su visión exagerada del mundo también.

A los 12 años se inscribió en la Escuela de Artes Tito Salas y formó durante tres años sus primeras visiones con relación a la pintura. Egresó con el espíritu colmado de ideas y motivado a terminar sus estudios secundarios para encaminarse a la capital venezolana, seducido por los grandes museos y el ambiente artístico.

Cumplidos sus 20 años ya caminaba por Caracas y se introducía en los mundos creativos del diseño gráfico y la publicidad. Sin embargo, la pintura continuaba su latido de advertencia y exigencia.

“La pintura es mi pasión de toda la vida. Siempre me llamó la atención la pintura hiperrealista de Salvador Dalí. Con mis cuadros me gusta representar la realidad tal como es pero siempre exagerando un poco para tratar de que el objeto dimensional se vea tridimensional, que la gente pueda tocar, percibir la obra como suya”, confiesa.

Siguiendo el latido de su pasión abandonó el diseño y la publicidad y se sucumbió a las artes plásticos. Trabajó desde 1999 hasta el 2007 en la plaza La Candelaria haciendo retratos en vivo, con un toldito, pincel en mano y caballete dispuesto en un rinconcito del espacio público.

Para él fue gratificante poder compartir con el público y, además, el hecho de dedicarse a perfeccionar la técnica del retrato, es algo que le agradece a su ímpetu decisivo.

Entre sus primeros pasos de exploración hasta la etapa histórica que disfruta en la actualidad han pasado 40 años de sacrificios, adioses y buenas cosechas.

“De mi Carúpano recuerdo su ambiente de playa (…) ese olor a sal. Mi idea es, que cuando me retire, irme a vivir cerca del mar”, manifiesta con mirada hacia lo lejos.

Las manos de Guevara continuarán mezclando texturas en óleos que subrayan el proceso histórico que tanta satisfacción le ha ofrecido a él, un hombre de tímida sonrisa que habla de sus cuadros con la convicción de que éstos son su mejor siembra./AVN

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