Diablitos de Tinaquillo ofrecen siete trochas en agradecimiento al Santísimo

Osjanny Montero
 Asentados en las orillas del río Tamanaco del estado Cojedes, la agrupación cultural Diablitos danzantes de Tinaquillo se diferencian de las 10 cofradías restantes del país porque además de danzar el jueves de Corpus Christi, dedican siete trochas o bailes dominicales consecutivos para honrar al Santísimo Sacramento.

Los preparativos para la ceremonia empiezan antes de la Semana Santa y consisten en dar asistencia teórica y práctica a los diablos iniciantes o a quienes pagaran promesa ese año. Desde qué significa la danza hasta su diversidad en el mundo son algunos de los temas que se imparten en esta fase.

“Los promeseros deben bailar siete años consecutivos y después deciden si se quedan en la cofradía o no. Por lo general le agarran el gusto porque bailando aumentan su fe”, explica el director del grupo, Luis Cabrera.

Después de más de 10 semanas de preparación llega el miércoles previo a la ceremonia central. Ese día, en la calle Colina se alza un altar mayor justo enfrente de la casa de la familia Cabrera y comienza una ceremonia parecida a un velorio: se hace comida, se adorna con muchas flores y las mujeres de la comunidad se unen en un coro de rezos.

“Se adorna el altar con elementos alegóricos a la Iglesia católica. Se coloca en custodia el Santísimo Sacramento y se rodea con piedras preciosas que lo protegen”, narra Cabrera.

Un día después, la ceremonia se inicia a las 6:00 de la mañana con el encendido de una vela en señal de “pedir permiso al Santísimo para empezar a danzar” cuenta Luis.

A las 10:00 de la mañana la Iglesia Nuestra Señora del Socorro ofrece una liturgia en donde participa la diablada completa, ya vestida, y en acción de rendición.

“Cuando termina la misa los diablos salen sin darle la espalda al Santísimo y bailan frente a la iglesia. Después vamos a la plaza Bolívar a entregarle un ofrenda floral al padre de la patria (Simón Bolívar) y después se recorren instituciones educativas, la Alcaldía, la casa de los abuelos y las calles del pueblo”, relata Luis.

La danza es otro de los elementos diferenciadores de esta cofradía pues son llamadas coreografías y varían de acuerdo al golpe de ritmo que entone el cuatro. Así al golpe de diablo “tu brincas, saltas y bailas rápido” y al golpe de polca se dejan sonar los cascabeles en una tonada muy suave que sirve para el acto de rendición.

El acto de rendición se hace al salir de la iglesia, en este todos bailan unidos hasta formar una cruz que avanza hasta la imagen del Santísimo Sacramento y una vez ahí se dejan caer en parejas en una suerte de arrodillada, sinónimo de humillación del mal frente al bien.

Con el golpe de diablo los participantes tejen cintas o bailan el tradicional Sebucán, se menean hasta formar una serpiente y bailan en parejas una polca o matrimonio.

La mujer participa vestida de diabla sin jerarquías que las distingan del género masculino: “Ahora participa la mujer porque se le hizo una evaluación y demostró que sí podía hacer la danza en las mismas condiciones que nosotros”, comenta Cabrera.

Ellas también tienen a su cargo la confección de la vestimenta de la diablada, que se destaca, no por los estampados, sino por la dualidad del rojo y negro que se complementan con camisa de flequillos y pantalones en satén.

La tradicional máscara se elabora con tela metalizada y se caracteriza por tener rasgos humanos exagerados que se aproximan a lo demoníaco.

“Llevamos una máscara que simboliza un demonio que quiere ser humano. Tenemos ojos, nariz, bigote pero también colmillos y cejas levantadas”, describe.

En los pies llevan alpargatas y sobre el bombache de sus pantalones llevan prensados una serie de cascabeles “para espantar al mal”.

Historia de fe

Luis Cabrera tiene 49 años en la cofradía, empezó pagando promesa y se quedó porque para él “es la devoción y la fe que tenemos ante el Santísimo. Es una forma de promesa. Para mí es un gran día, es lo máximo que puede existir en nosotros y nuestra comunidad”, confiesa.

De los primeros años recuerda que fue entre 1907 y 1910 cuando se bailó por vez primera en Tinaquillo.

“Todo comenzó con el señor Luis Roche. Fue el primer capataz de la historia y junto con él y la Iglesia se juramentó la tradición”, comenta.

De aquéllos primeros años hasta 2012 la tradición se ha mantenido intacta de generación en generación con la única variante de que algunos años el jueves de Corpus Christi coincide con el día de San Juan; entonces se celebran ambas manifestaciones el mismo día.

Diablo suelto y ‘embonchinchao’

Como la mayoría de las cofradías del país, la de Tinaquillo se divide en primer, segundo capataz y una nueva modalidad titulada “Diablo suelto”.

“El diablo suelto es la única figura que puede estar delante de la línea de mando del primer capataz. Él organiza a las comunidades, se embochincha con ellos y pide limosnas”, destaca Luis.

Por su parte, el primer capataz es el guía y orientador de la diablada. Pide permiso en el altar para hacer las actividades durante la víspera y el desarrollo del día central. En Tinaquillo Carlos Cabrera, hermano de Luis, ocupa el puesto hace algunos años.

El segundo capataz tiene como función servir de ayuda al líder principal y en su ausencia puede tomar las riendas de la cofradía.

“Los demás danzantes son diablos rasos y no tienen ninguna jerarquía”, advierte Luis.

Siete trochas dominicales

El siguiente domingo, después del jueves de Corpus Christi los diablos salen en procesión junto con la iglesia. “Vamos delante del Santísimo, sin darle la espalda y hacemos la rendición en cada uno de los altares que montan en las esquinas del pueblo”, describe.

Los siete domingos siguientes, la diablada organiza trochas consecutivas por las calles del pueblo y por comunidades aledañas como Tinaco y El Baúl.

Las trochas consisten en “danzar por las calles desde temprano hasta la tarde. Todos los domingos salimos por las calles y pagamos nuestras promesas”, indica Cabrera.

A llegar el séptimo domingo, el culto máximo en honor al Santísimo Sacramento del Altar llega a su fin con el compromiso de cultivar la fe hasta un nuevo ciclo litúrgico.

Como las 10 cofradías de los estados Miranda, Aragua,Vargas, Guárico y Carabobo en diciembre, los Diablos danzantes de Tinaquillo esperan el veredicto ante una solicitud elevada a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) para que la manifestación reciba la distinción de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad./AVN

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