Sólo quiero que amanezca retrata una Caracas que ya no está

 Mariela Valdez
La Caracas que se está lavando la cara, que empieza a regenerarse y recuperar sus espacios para compartir, para hacerse más amable y vivible, ésa es un intento nuevo. Una Caracas cuyos nuevos protagonistas se van reconociendo por sus colores y por sus carteles que los definen “En construcción”.La otra, la que vamos dejando atrás, es la Caracas que retrata Oscar Marcano en cada uno de los relatos que recoge en Sólo quiero que amanezca, en los que dibuja con marcada precisión el paisaje de una ciudad, de un país que parecía querer consumirse a sí mismo, agotadas las reservas de optimismo que dejó el espejismo petrolero de la “apertura”.

Cada historia es una muestra amplificada de un pedazo de ciudad suturada a sangre viva y en cuyas heridas habitan los personajes del desasosiego, de la postración, “los monstruos que todos somos” presentándose en cuadros inconclusos, como formas para completar. Gente sumergida pero inmóvil, entregada a la frustración, que se va a la cama aferrada igual a una botella que a un arma o a un remedo de pareja.

Marcano relata en 22 historias el desgano de unos personajes que apenas detienen su cotidiana miseria para dejarnos ver cómo no se atreven ni a vivir ni a morir, que retratan en pequeño una ciudad que todavía era inocente, cuyos borderline aún conservan un atisbo de conciencia del otro, una ínfima lealtad a la raza humana que manifiestan revolcándose solos en su miseria, si invitar al vecino; personajes que esperan que la vida se les vaya pasando como acaba un mal rato y se consuelan en sus amantes inapetentes con flacos “hazme olvidar”.

El mundo de Marcano está hecho con un lenguaje desnudo, franco, pero sobre todo desprovisto de cualquier intención embellecedora de la realidad, sin eufemismos pero a la vez sin ánimo alguno de sacar partido de la carencia humana, con la naturalidad de quien reconoce que “todos somos feos de cerca” y que por tanto no espera redención, se limita a esperar que pase, que amanezca.

Para los menos oscuros está Minotauro, que cierra la primera parte del libro de relatos, con la única pareja que se acepta sin juzgarse, que no tiene guardados, en la que él es protección y ella contención, y por primera vez se empieza a ver un asomo de belleza que, aunque a brocha gorda, en este punto se agradece.

El libro Sólo quiero que amanezca ganó un premio Jorge Luis Borges en 1999 y ese mismo año un Arístides Rojas por el cuento “Lo que François Villon no dijo cuando bebía”. En 2003 obtuvo el premio a mejor obra de creación del Centro Nacional del Libro.

Este mecanógrafo, como se autodefine Oscar Marcano en su cuenta Twitter, nació en 1958 en Vargas y es fanático de los Tiburones de La Guaira, junto a unos 40 escritores venezolanos participará desde este miércoles 7 en el II Encuentro Internacional de Narradores que se desarrollará en Caracas.

Los narradores intervendrán con el público en 49 actividades en el Celarg, la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) y la Librería del Sur Del Complejo Cultural Teresa Carreño./ AVN

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