Móviles y otras músicas (leer a Leonardo Acosta) + Video

libro-leonardo-acostaEn fecha bastante reciente, Ediciones Unión puso a disposición de loa lectores este libro de noble factura y supremo valor. Sólo la entrega libre y abierta a su lectura, puede dar pie a una confrontación entre dos o más lectores, cuyo resultado siempre estará a favor de este compendio de artículos, prólogos, entrevistas, notas a discos y ediciones musicales, de donde se desprende una aproximación certera a acontecimientos, corrientes estéticas, creadores, intérpretes y pensadores que dieron forma a la vida musical en el transcurso del siglo XX.

La claridad de expresión con que se ofrecen a sus interlocutores estos escritos de tan diversa naturaleza, es una virtud que se vuelve mecanismo de agarre para dejarles comprometidos con la apreciación del texto o la materia musical de que se trate, en cada nuevo enunciado. Tres décadas de la vida de un talento que no ha pasado de manera fortuita por este mundo sino prestando oído, poniendo atención y tratando de arribar a conclusiones que respondan a las realidades que les dieron origen, ya se trate de acercarnos al quehacer de Leo Brouwer como ensayista, a la necesidad de hacer justicia al Niño Rivera o al tantas veces mal-tratado feeling o del más riguroso análisis en torno a la Nueva Trova, concitándonos a armar, de la manera más creativa que pueda imaginarse, la sesión de lectura en capítulos como aquél dedicado a trazar las coordenadas que hacen comprensible y sitúan en el lugar que merece a una figura como Emiliano Salvador; acción que alcanza su más acabado sentido cuando vamos alternando la lectura con la audición de aquellas interpretaciones que en ellas se descifran.

No voy a desgranar aquí el índice completo de materias que ofrece esta compilación cuyos valiosos componentes fueron apareciendo entre 1975 y 2004. En todos ellos prevalece el ejercicio ejemplar de su autor: un músico que decidió sumergirse en las profundidades de esta larga, vasta y azarosa historia donde, a fin de cuentas, un  par de protagonistas: el sonido y el silencio, han ido implicando de diversas maneras a tantas legiones de mortales. Así, y con la verdadera carga de un tesoro para el estudioso, nos hace entrega de un material único acerca de Julián Orbón que, luego de abrirse a nuestra consideración, nos va os va revelando en Leonardo al discípulo y, en el ya legendario compositor al singular maestro.

En el prólogo al Cancionero de la Nueva Trova, escrito en fecha tan lejana como 1981, el crítico aplica con justicia y fundamento toda su capacidad, al propósito de esclarecer, configurar, tipificar el aporte de cada creador antologado y, más allá de este acto de rigor y respeto hacia la figura del trovador cubano de la segunda mitad del siglo XX, abre caminos hacia una comprensión y valoración justas de esta expresión inscrita  en el devenir de un cuerpo tan dinámico  y significativo como lo es el cancionero cubano, todavía necesitado de una seria atención  a esa diversidad de formas y estilos, a esa prodigiosa riqueza que le mantienen vivo.

La lectura del título Chucho Valdés: herencia y virtud al piano, nos abre al conocimiento de las raíces, elementos formativos y trayectoria del artista y nos ponen en condiciones de apreciar con nitidez y profundidad el arte y oficio de este pianista que  no ha parado de deslumbrar al mundo desde que hiciera sonar el teclado en el ámbito de la familia o el vecindario así cpmo en los diversos modos de enfrentamiento a los más diversos auditorios en el transcurso de sus siete décadas de vida recién cumplidas con felicidad. .

He dejado, para el final, con toda intención y por razones personales, mi lectura de aquel trabajo que se relaciona con los Móviles de Harold Gramatges (porque una de las características del diálogo que se emprende con Leonardo es la inmediata y apremiante necesidad confrontación de cada una de sus afirmaciones con el material sonoro de referencia, sazonada con largas y deliciosas pausas desde donde se desliza la natural entrega al ejercicio del pensar). Leer a Leonardo Acosta (La Habana, 1933) es como abrir de par en par una ventana (o varias a la vez) hacia las buenas maneras de enfocar cualquier segmento de esta vida y, entonces, tomar impulso para seguir andando por el lado más firme de un terreno donde siempre hay luz.

El Cerro,16 de octubre de 2011/Cubadebate

RM

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