Confrontación de dos modelos antagónicos en lo cultural

Baleryns López
Trabajadora Cultural

Miguel A. Rodríguez

El desconcierto, la preocupación, la impotencia y las ganas de radicalizar la lucha se profundizaron en las y los que hacemos de lo cultural un órgano viviente, las y los trabajadores culturales, cultoras y cultores, en el pueblo, cuando leímos las declaraciones dadas al periódico Ciudad CCS por el actual presidente de la Comisión de Cultura de la AN Miguel Ángel Rodríguez. Comenzamos a analizar las implicaciones político-culturales de su discurso y de su trayectoria apátrida, y lo que nos espera es una confrontación más fuerte y radical que la que hemos venido abordando en los últimos años en ese hemiciclo.

Partiendo desde su concepción de lo que es cultura podemos analizar cuál va a hacer la política cultural que quieren impulsar desde la Asamblea Nacional para el país. Un modelo cultural positivista, academicista, cercenador y excluyente de los poderes creadores del pueblo. Podemos revisarlo nosotros mismos cuando dice textualmente: “que en sentido estricto, la cultura tiene que ver con la creación científica e intelectual del hombre”, en ningún momento menciona la creación intangible, subjetiva y espiritual del hombre que es donde residen los poderes creadores del pueblo, en toda aquella creación que contribuye al enriquecimiento del espíritu y la conciencia humana.

Más adelante, en su entrevista, reafirma esta idea cuando dice que la democratización de la cultura tiene que ver con el acceso para formarse en disciplinas culturales o disfrutarlas como espectador y en el apoyo a las agrupaciones culturales. En ningún momento habla de participación popular en el diseño, ejecución y seguimiento de las políticas culturales en materia de políticas públicas, diseño curricular para las zonas educativas, asignación de presupuesto; en el financiamiento, subvenciones, créditos y remuneración a las y los trabajadores culturales, en la exoneración de impuestos a las actividades culturales, en todo lo que tiene que ver con la declaración de Patrimonio Cultural de la Nación y Viviente, ni en la declaración de Repatriación de las Obras Culturales; mucho menos habla de mecanismos claros para que se ejerza, si quiera, algún tipo de participación popular; lo que sí aseguró fue una mayor participación de la empresa privada en este ámbito. Ya tiene una semana como presidente de la comisión y les aseguro que aún no se ha leído el proyecto aprobado en segunda discusión, pues no abordó ninguno de estos puntos que son ejes transversales en el mencionado proyecto.

Y qué podemos esperar culturalmente de una persona que miente descaradamente al negar su participación en la guerra mediática impuesta por los Estados Unidos y financiada por la CIA en contra del proceso bolivariano, cuando Eva Golinger presentó hace años documentación que prueban su participación directa en estas acciones. Declara que los medios deben moderar la incitación al odio, la difamación, la violencia y el lenguaje soez cuando en su programa La entrevista, transmitido por el canal golpista RCTV, él incitaba a todas estas aberraciones y usaba un lenguaje que dejaba mucho qué desear. ¿Cuáles serán los valores culturales, éticos y morales que él desde su conformación como ser humano llevará adelante?

También, dijo que garantizará la seguridad social para las y los trabajadores culturales y que nos oirá. Pero de qué seguridad social está hablando bajo su concepción capitalista de lo cultural, será la misma que nos brinda la actual Ley Orgánica de Seguridad Social en la que tenemos que pagar nuestro propio seguro como patrón y como trabajador(a). Por otro lado, nosotr@s no queremos que nos escuche con ese concepto burgués de oír al pueblo. Lo que queremos es participación real en el proceso de elaboración del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura, más allá de “oír al pueblo” o el parlamentarismo de calle.

Creemos en el mecanismo del Pueblo Legislador como el más fidedigno que hasta ahora hemos impulsado. Además, creemos que no se puede hacer cualquier ley y mucho menos una ley orgánica de cultura consensuada con la derecha, pues son dos modelos: el capitalista y el socialista, antagónicos en sus concepciones ideológicas, materiales, productivas, espirituales, éticas y morales; uno es un modelo para la muerte; y el otro, para la vida. El de ellos, para la guerra; y el de nosotros, para y por amor a los seres humanos. Sin embargo, lo instamos a abrir un debate amplio, un debate nacional, y si no seguiremos luchando por nuestras reivindicaciones sin declinar, para que se abra, de unas vez por todas, ese hemiciclo al soberano, al pueblo. Ciudad ccs

Baleryns@hotmail.com

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