Los hermanos sean unidos

Santiago Izaguirre

Corría 1830 cuando al ser consultado por la imagen que dejó en Venezuela, Simón Bolívar le contestó a José Cerrillo: “No seas pendejo, para nosotros la patria es América”. Esta frase resume plenamente aquello que soñó el Libertador. Un sueño que hoy creemos que vale la pena convertirlo en realidad.

Porque nuevamente Latinoamérica aparece en el mapa del mundo como una región que tiene mucho por aportarle al desarrollo económico de este a través de recursos, la industria, los profesionales y otras tantas valiosas herramientas. Es una oportunidad inmejorable que el mercado mundial nos ofrece. Y representa todo un desafío, porque este subcontinente es quizás el más entrañable de todos ya que debió haber sido mucho más de lo que actualmente es. Una Patria Grande a la cuál muchas veces le dieron la extrema unción, muchas veces no la dejaron ser y otras tantas no supo ser.

Las campanas ya están sonando en América Latina. El momento ya llegó.

Los gigantes son gigantes porque estamos de rodillas. Levantémonos” dijo el político argentino Francisco Barroetaveña. Ya es hora de creerle y hacerle caso.

De sacar a pasear mil palomas y enfrentar al águila y sus tácticas y estrategias de saqueo. Porque Mario Benedetti no se equivocó cuando dijo que el sur también existe pero le faltó contar que el sur no sólo existe, sino que también insiste.

Vuelven a sonar las campanas de la Patria Grande, sus ojos podrán lucir algún que otro moretón pero se han abiertos de par en par. La amnesia ya es ficción.

Le sobran los motivos a los pisadores para creer que los pisados no queremos seguir viéndoles las suelas.

La unidad latinoamericana será el motor del desarrollo de una región que debe luchar día a día contra aquellos que la obligaron a tener las manos curtidas, las rodillas gastadas y a caminar descalza. Una tierra encantada que prevalecerá siempre y cuando logre darle la mano al vecino y juntos caminar por un mañana más digno. Creemos que la democracia es la vía para transitar los senderos de la unidad, privilegiando los intereses comunes antes de los propios.

Cómo dijo Galeano: “la memoria del dolor nos invita  a luchar por una democracia más verdadera en la cuál no sea mejor el que mejor copia sino aquel que mejor crea aunque creando se equivoque”. La democracia es perfectible, precisamente ahí radica su mayor virtud. Este sistema deberá garantizarle al pueblo su gobierno transformándose no sólo en un principio de legitimación sino también de organización: otorgando derechos, accesos, libertades y no sólo a aquellos que puedan pagarlos.

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