Diego Silva: un académico con arraigo en lo tradicional

Klara Aguilar Vázquez

Cuando habla de Caracas se remonta a tiempos en los que el cielo se cubría con la neblina propia de diciembre. “A las seis de la tarde el cielo se ponía tan nublado que casi no se veía nada”, cuenta Diego Silva, quien para ese entonces era un niño que se divertía con un conjunto de aguinaldos y gaitas. Con el paso del tiempo la música dejó de ser una diversión para convertirse en su motor de vida y Silva es hoy uno de los compositores más sobresalientes de la escena venezolana.

Desde 1974 Silva ha presentado obras que incluyen música de cámara, sinfónica, para orquestas, para coros y para solistas.

El apego por los ritmos tradicionales de Venezuela, Latinoamérica y el resto del mundo es uno de los aspectos que lo caracterizan. Para él no existe divorcio entre lo académico y lo popular. De hecho, la comprensión de esa simbiosis ha sido una de sus grandes luchas. “Mi parte tradicional está enlazada con los pueblos y también con la canción política”, señala Silva.

Vinculado a las luchas sociales desde que era un joven de 16 años, en los ochenta fue militante revolucionario en agrupaciones de canción social y en actividades de solidaridad con los presos políticos. En 1982 se residenció en Nicaragua, en plena Revolución Sandinista, donde trabajó como asesor del Departamento de Investigaciones del Ministerio de Cultura, bajo la dirección de Ernesto Cardenal, sacerdote, político y poeta nicaragüense.

Compositor, investigador e instrumentista, aunque ésta última faceta tuvo que dejarla atrás debido a una lesión en una de sus manos, Silva es pionero en Venezuela de la incorporación de instrumentos ancestrales en obras académicas, con piezas como Sueño y piel (1979), Se levantó David (1984), Ecos en el tiempo (1990) y Alegorías (2000), entre otras.

La investigación es una faceta que inició para perfeccionar su obra como compositor, “para alimentar mi imaginario creativo, que tomo de mi contexto, de expresiones que llamo ‘depositario urbano’; y de otros pueblos del mundo, como China, Japón y África”, dice Silva, quien se confiesa un amante de Beethoven, al igual que de Las Voces Risueñas de Carayaca.

Vergüenza étnica

Asegura el maestro que es poco común que un músico de formación académica esté ligado a las luchas sociales. “Es algo muy extraño. Hay gente que no me quiere”, señala Silva, quien llevó a formato sinfónico los temas de Alí Primera, trabajo por el cual, según cuenta, fue blanco de críticas que le costaron su salida de la Orquesta Filarmónica de Venezuela. “Nos echaron, a mí y a otros compañeros, de una manera vergonzosa”, expresa.

El músico no titubea en afirmar que está “vetado” por la mayoría de las orquestas del país. “Sólo tengo entrada en la Sinfónica de Falcón”. Agrega que esa invisibilización guarda relación con su postura crítica sobre el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. “Tengo una formación del entorno académico pero me he vinculado con otros mundos, buscando lo que a mí me parece que ha perdido el venezolano por estar pendiente de lo que se hace en Europa”, indica.

Silva considera que el venezolano sufre de “vergüenza étnica”, término que se lo atribuyó al antropólogo Mario Sanoja. “Las sociedades deben tener un equilibrio, entre el llamado campo cultural de las manifestaciones eruditas o académicas y el de las tradicionales”, asegura.

El percusionista venezolano Orlando Poleo, residenciado en Francia, estrenó una pieza suya titulada África mía, acompañado por las también venezolanas María Petit en el piano y Diana Montoya López en la percusión. El público del Teatre Du Garden-Chasse, en París, lo ovacionó por dos minutos y medio. “Y yo no la he podido tocar en Venezuela”, se lamenta Silva.

PIEZAS REVOLUCIONARIAS

Entre los trabajos recientes de Diego Silva destaca una investigación histórica sobre la música venezolana durante los años de la Guerra de Independencia y siguientes, hasta 1845. Restauró 27 canciones patrióticas y las obras sinfónicas corales que fueron escritas para las honras fúnebres del Libertador Simón Bolívar.

Este legado musical es presentado en Testimonios sonoros de la Libertad. Canciones patrióticas del siglo XIX, un disco producido por Pdvsa La Estancia (2008) que incluye partituras de grandes compositores como Lino Gallardo, Juan José Landaeta, Juan Francisco Meserón, Atanasio Bello Montero, José María Isaza, José Lorenzo Montero y José María Osorio.

Para Silva resulta inadmisible que el músico académico, de tradición escrita, esté confrontado con el popular. “Eso es ridículo”, resalta y hace referencia a la experiencia que según dice, tuvo con algunos músicos, que se resistían a interpretar piezas tradicionales en la Orquesta Filarmónica de Venezuela. “Los obligué a tocar una obra de un venezolano en cada programa y estaban indignados. Hubo protesta porque ellos me decían que necesitaban algo sutil para sus oídos”, cuenta.

Finalmente reafirma su pasión por el legado musical que conforma la identidad venezolana. “Soy feliz cuando mis amigos de la banda de salsa La Sigilosa me piden unos arreglos y luego, si me dejan hacer los coros, también; y toco música larense y cuando hay golpes tocuyanos puedo tocar maracas, cuatro… y lo disfruto enormemente tanto como cuando hago una obra atormentada”, asegura

Contra la “alienación europea” en las orquestas

La Fundación Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv) es un proyecto del Estado venezolano que dirige el maestro José Antonio Abreu, cuyo objetivo es “la sistematización de la instrucción y la práctica colectiva de la música a través de la orquesta sinfónica y el coro”, según la página web de Fesnojiv. Su estructura está cimentada en núcleos ubicados en todos los estados del país, los cuales funcionan como centros de enseñanza de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Sin embargo, el maestro Diego Silva plantea que el Sistema promueve valores que distancian a los aprendices de los elementos musicales que forman parte de la idiosincrasia venezolana. “Es una alienación que hay que corregir, porque no se puede sentir vergüenza étnica. En las montañas de los Andes, en este momento, no hay niños que quieran tocar las paraduras porque consideran que es una raya”, asegura Silva, quien agrega: “No soy enemigo de que exista una orquesta sinfónica con niños y jóvenes, de lo que sí soy enemigo es de la alienación, de que los disocien y sientan vergüenza de ser venezolanos”, dice.

Sostiene que las orquestas que integran el Sistema interpretan música de Italia, Francia, Alemania y, en menor grado, de países de Europa Central. “Las orquestas que ya existen deben prestar otro servicio desde el punto identitario, estético y conceptual; reducir la programación de música europea y llevar a un 40 por ciento la música venezolana”, propone.

Silva aboga por un debate que propicie el pronunciamiento de los músicos, artistas y cultores que tienen cuestionamientos sobre el Sistema. Ciudad CCS

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5 Respuestas a “Diego Silva: un académico con arraigo en lo tradicional

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  4. Gracias a ti y a Ignacio y a PDVSA La Estancia por el obsequio de poder conocer en original las canciones patrióticas que escuchaba nuestro Libertador, no pueden imaginar el Valor de su Legado!!! Gracias por ese disco “Testimonios Sonoros de la Libertad” Canciones Patrioticas del Siglo XIX’. Difundirlo por favor!!!

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