Ofensiva contracultural en tiempos globales

América XXI


Expresión: la acción popular que motoriza la incipiente pero sostenida independencia política en varios países de América Latina se vislumbra en el nuevo rol de la cultura contrahegemónica. Se trata de miles de emprendimientos urbanos, individuales y callejeros;  grupos sostenidos con y sin presupuestos oficiales y redes virtuales de artistas independientes. Se apoyan en la resistencia histórica y en la memoria colectiva para experimentar una ofensiva que engloba raíces, tecnología, nuevos géneros y deseos de libertad.

“Ojalá cada parroquia se erigiera en toparquía”, deseaba Simón Rodríguez en 1847. Su idea de toparquía era un gobierno del lugar, elegido por los habitantes del lugar y que expresara al pueblo de ese lugar. Ese sería –exclamaba el gran pensador– “el Gobierno más perfecto de cuanto pueda imaginar la mejor política, el modo de dar por el pie al despotismo”. Su frase era la ponderación del gobierno del pueblo con otras palabras: “la verdadera utilidad de la creación de una república, es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo”.

Más de 160 años después, el término toparquía es acuñado en Venezuela y en apenas algunos otros sitios de América Latina. Pero la prosperidad del suelo como la entendía Simón Rodríguez no puede imaginarse sin un anclaje en la cultura popular, vista como expresión alternativa al despotismo del que hablaba el gran filósofo y educador.

América Latina muestra hoy una vastedad de expresiones culturales, cuya masividad no está dada por la penetración de un solo formato en grandes grupos sociales, sino por la interacción sostenida de una infinidad de actores con un objetivo común: la contracultura.

La raíz del movimiento cultural de nuestros tiempos es heredero de los grandes genios emancipadores de los últimos 200 años. Pero el cuerpo y la cabeza de ese vanguardismo lo ponen hoy millones de jóvenes que logran plasmar en el arte los tiempos de la nueva independencia. Se los puede ver en las calles, en las plazas, en el transporte público. Son miles en cada ciudad que, con o sin presupuesto oficial, empujan en sentido opuesto al establecido. En la mayoría de los casos, hay una ideología que conduce y motoriza la acción. En otros, subyace un único deseo de supervivencia en libertad, de creatividad con autonomía.

Memoria y raíces

Así como los medios alternativos de comunicación son la herramienta última, urgente y cotidiana para enfrentar la ofensiva del poder devenido en hegemonía mediática, las expresiones culturales son el tejido en el que se dirimen por lo bajo y en silencio los pequeños combates de fondo. En uno y otro espacio, la tecnología empuja y masifica. Habitantes de una sociedad global al fin, artistas y medios se realimentan y confunden en lo que hoy se denomina genéricamente “contenidos culturales”.

El movimiento cultural de nuestros días es hijo de la tradición pero también de la tecnología. Ambas conviven. La propalación de la música de artistas populares a través de la red; los libros digitales; los audiovisuales de alta definición; los museos interactivos; cientos de escritores reunidos en sitios virtuales. Cada uno de estos elementos, y todos a la vez, conforman la contracultura contemporánea.

En esta nueva explosión social latinoamericana es más sencillo cualificar la importancia de la cultura alternativa que cuantificar los miles de ejemplos y modelos. Hay emprendimientos individuales, grupos sostenidos con presupuestos oficiales, redes de artistas independientes y colectivos de variadas expresiones.

La resistencia, la memoria y la ofensiva son valores que los pueblos latinoamericanos supieron encaminar a través de la cultura popular alternativa y de su hermana en desgracia: la cultura clandestina.

En la década de 1980, Argentina creó Teatro Abierto para denunciar los crímenes y la opresión de la última dictadura. Hoy, a 30 años de aquel hito, ofrece actividades creadas desde el compromiso por la reconstrucción de una sociedad diezmada. Teatro x la Identidad, un ciclo nacido hace 10 años como compromiso en la búsqueda de hijos y nietos de las víctimas de aquella dictadura es un emblema de cientos de acciones similares.

La máxima expresión cultural popular en Uruguay, la murga, conoce el camino centenario que incluye la denuncia, la resistencia, el culto a la amistad y la pasión por el barrio. El movimiento murguero tiene un espacio comercial innegable, que si bien encaja en los nuevos tiempos, no se desentiende de sus verdaderas raíces. También existe la murga alternativa que moviliza a miles y miles de jóvenes. Se estima que hay más de cien murgas compuestas por jóvenes de entre 15 y 30 años y grupos para niños de hasta 15 años por fuera del circuito oficial, en sindicatos, clubes, colegios y barrios.

Dentro o fuera de las murgas, los jóvenes lideran propuestas culturales alternativas como la editorial La Propia Cartonera, cuyos objetivos son la edición y publicación de textos y autores latinoamericanos jóvenes, la accesibilidad de los libros y el trabajo comunitario. La Teja Pride es una banda de hip hop no ortodoxo cuyas acciones colectivas resaltan las características de los barrios populares de Montevideo de los que surgieron: La Teja y Nuevo París. Otra actividad cultural es motorizada por el grupo Heteroismo, Se trata de  jóvenes artistas de Montevideo y Río Negro  que desde 2008 buscan generar redes de comunicación artísticas alternativas, incluyendo a las radios comunitarias.

Calle y espacio

En Bolivia se registra un fenómeno íntimamente relacionado con la liberación de los pueblos oprimidos a partir de la llegada al gobierno del presidente Evo Morales. Hay una cultura derivada del empuje social, político, revolucionario y organizativo de poblaciones urbanas, rurales y campesinas de distintas regiones del país. Valga este ejemplo: jóvenes y adultos de la población de El Alto, protagonistas de las grandes luchas populares contra el capitalismo y sus producciones culturales, crean centenares de trabajos que incluyen libros, muestras, festivales de música y teatro y encuentros interculturales estudiantiles.

El Centro de Poesía Albor Arte y Cultura y el Círculo Literario de El Alto son una muestra de la organización cultural. Los integrantes de Albor afirman que “la obra es apenas un pretexto para alzar la voz, seguir alimentando el espíritu del pueblo y engrandecer la Patria. La poesía en estos tiempos debe jugar un rol social: el arte debe ser humanista antes que mercantilista, por eso es necesario no sólo crear espacios de encuentro físico, sino también espacios de encuentro intelectual“.

En Ecuador, la propia experiencia de la revolución ciudadana genera un proceso cultural propio que muestra la diversidad étnica, cultural y territorial. El movimiento Ruptura de los 25, que es parte de la coalición de gobierno, se ha manejado en el plano de la cultura alternativa para recuperar la ética y la estética en la política.

La revista de cultura cubana La Jiribilla concentra buena parte de las expresiones populares. El formato impreso y su portal de internet promueven actividades alternativas, entrevistas, libros digitales, una discoteca en formato MP3 y archivos sonoros de escritores, cantantes y líderes históricos de la revolución latinoamericana.

Otra revista cultural participativa, venezolana, es ENcontrArte. Otro ejemplo brillante. En su manifiesto se define como un espacio “para decir otras verdades” y recuerda que “la cultura dominante no acepta cuestionamientos. Toda alteración del orden imperante es combatida (…) Si el cuestionamiento es profundo, la artillería enemiga se unifica para destruir”. La acción contracultural queda bien explicitada “para dar respuesta a los ‘intelectuales’ de la derecha, que avalan al sistema de segregación y postergación que sufre gran parte de la población mundial. Estos pretendidos intelectuales son portavoces de la mentira en sus propias disciplinas y muchas veces actores políticos directos a favor de las clases dominantes, de la represión, e incluso, del fascismo”.

Por fuera de los portales de internet, una de las tantas expresiones itinerantes es el Frente de Creadores Militantes, que desde Venezuela se proyecta hacia el sur de América. Se trata de un colectivo de músicos, poetas, actores, técnicos en audiovisuales y bailarines que se definen como “trabajadores y trabajadoras de la cultura, portadores de los saberes de nuestro pueblo”. En conjunto declaran la “voluntad indeclinable de luchar con las armas que contamos hasta lograr la verdadera emancipación”.

Libertad y mercado

Previsiblemente, el mercado capitalista intenta apropiarse del concepto de “cultura alternativa”. Envuelve en él toda actividad paralela (pero no alternativa) a los circuitos comerciales masivos. Fundaciones privadas, grandes emporios del espectáculo y ONGs financiadas por el Imperio enarbolan su “cultura alternativa”. Pero esa fachada no es más que una variante instrumental de una sociedad de consumo impuesta.

Para echar luz sobre el sentido popular de la cultura alternativa, es bueno recordar al recientemente fallecido Alberto Müller Rojas, cuando destacó la libertad y la independencia como valores esenciales de una genuina expresión contracultural.

“Palpablemente –escribió desde estas mismas páginas de América XXI– el contenido del programa cultural propende a romper la contradicción básica, individual y colectiva, existente entre cultura y natura. Se intenta así privilegiar la racionalidad humana, apoyada en la libertad, como condición sine qua non de la naturaleza humana. En otras palabras, como la potestad individual y colectiva de elegir, entre un sinnúmero de posibilidades, el arquetipo ideal que se marca como propósito de la existencia humana”.

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Una respuesta a “Ofensiva contracultural en tiempos globales

  1. Desde nuestro rincón en la soleada ciudad de Barcelona nos hemos juntado varios músicos y emprendedores musicales para crear la primera plataforma de auto-distribución de música para artistas hispano hablantes. El proyecto denominado La Cúpula Music http://www.lacupulamusic.com pretende devolver un equilibrio en el panorama musical, permitiendo a los artistas latinoamericanos, poder distribuir su música sin necesidad de acudir a una corporación Anglosajona. Es bien sabido que la maquinaria de la industria musical siempre ha primado la difusión de artistas Americanos o Ingleses para conquistar otros mercados. Ya es hora que los latinos tengamos voz propia en Internet y que podamos competir libres de cualquier tipo de ataduras con la maquinaria Yankee.

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