Un retrato despiadado del dictador italiano Mussolini

Bajo el título de “Mussolini secreto” se publicó un extracto de los diarios que Claretta Petacci escribió desde 1937 con la finalidad de testimoniar su tormentosa relación con el dictador italiano Benito Mussolini, a quien retrata como un hombre ególatra con tendencia a la violencia exacerbada y al racismo.“Soy esclavo de tu carne. Tiemblo mientras lo digo, siento fiebre al pensar en tu cuerpecito delicioso que me quiero comer entero a besos. Y tú tienes que adorar mi cuerpo, el de tu gigante.

Te deseo como un loco”, anotó el 1 de febrero de 1938 la más famosa amante de la historia italiana.

La frase se la había dicho su adorado Ben, como llamaba en la intimidad a Benito Mussolini, su amante. Y ella, Claretta Petacci, tenía en la vida dos pasiones: su ardiente amor por el dictador fascista y la obsesión desenfrenada de poner sobre el papel todo lo que salía de la boca de su ilustre amante.

“¿Sabes, amor? Anoche en el teatro te desnudé por lo menos tres veces. Te miraba, te quitaba la ropa mentalmente y te deseaba como un loco”, es otra de las tantas declaraciones del líder fascista consignadas en el diario por la mujer con la que el Duce engañó a su esposa legal durante toda la vida.

La relación entre Claretta (1912-1945) y el dictador nació el 24 de abril de 1932 -cuando ella tenía veinte años- y desde entonces, y en particular desde mayo de 1936 -cuando comienzan sus relaciones íntimas- la vida de ambos quedará unida por los lazos de pasión y los celos hasta el trágico final de ambos en abril de 1945, cuando intentaban huir hacia Suiza.

Entre 1937 y 1938, la mujer escribió 1.810 páginas con todos los detalles de su relación con el Duce, 29 años mayor que ella y al que fue fiel hasta la muerte. No en vano fue asesinada junto a Mussolini en abril de 1945, y su cuerpo colgado boca abajo junto al de él en una plaza de Milán para escarnio público.

Durante todos los años que duró la relación, la mujer registró prolijamente sus intimidades y aportó reveladoras confesiones que pintan a un Mussolini racista, desdeñoso, violento y despiadado, en unos cuadernos, guardados hasta principios de este año en los archivos históricos protegidos hasta ahora por el Estado italiano.

El mayor hallazgo de estos documentos compilados en un libro por el periodista Mauro Suttora es que en ellos el dictador se muestra sin disfraz alguno, con sus frustraciones, sus miserias, sus aspiraciones de grandeza y hasta con sus obsesiones sexuales, en unas confidencias que fueron hechas sin pensar que algún día podrían llegar a ver la luz pública.

“Mussolini secreto”, editado en la Argentina por Editorial Crítica, retrata a un hombre violento en su pensamiento político y en sus sentimientos, ferozmente antisemita, que reivindica un racismo avant la leerte y que no ahorra su cínica agresividad a nadie y nada.

“¿Los judíos deben hacer su trabajo y basta, sin invadir nuestros campos. ¿Sabes lo que me ocurrió en un hotel en Milán cuando estuve con judíos? No podía estar allí. Olían fatal. Quizás sea por lo que comen. Fingí sentirme mal para poder salir. No tienen patria, ni Dios. Hoy son polacos, franceses, turcos… Son una raza maldita que dice que nuestro Dios lo hemos cogido de ellos. Si hubiera sido de ellos, no lo hubieran matado”, vocifera el Duce según su amante.

Incluso, el dictador italiano se permite criticar a su par español Francisco Franco: “Ese Franco es un idiota. Cree haber ganado la guerra con una victoria diplomática, porque algunos países le han reconocido, pero tiene al enemigo en casa”, reproduce Claretta en su obra.

“Si sólo tuvieran la mitad de la fuerza de los japoneses hubiera acabado todo hace cuatro meses. Son apáticos, indolentes, tienen mucho de los árabes. Hasta 1480 en España dominaron los árabes, ocho siglos de dominación musulmana. Ahí está la razón de por qué comen y duermen tanto”, aseguró.

El 4 de agosto de 1938, veinte días después de la aparición del Manifesto della razza que teorizaba sobre la superioridad de la etnia itálica, Claretta pone en boca del dictador: “Yo era racista ya en 1921, no sé cómo pueden pensar que imito a Hitler si él ni siquiera había nacido. Los italianos tendrían que tener más sentido de la raza, para no crear mestizos, que van a estropear lo bonito que tenemos”.

Las críticas también alcanzan al papa Pío XI: “Si siguen así los del Vaticano voy a romper todo tipo de relación con ellos. Son unos miserables hipócritas. Prohibí los matrimonios mixtos y ahora el Papa me pide casar a un italiano y una negra. ¡No! ¡Voy a romperles la cara a todos!”.

Antes de seguir a su amante a su destino final, Claretta tuvo una intuición y dejó su voluminoso diario al cuidado de la condesa Rina Cervis: fue ella quien lo enterró en el jardín de su villa en Brescia, donde permaneció hasta que en 1950 fue descubierto por una patrulla de carabinieri y confiscado.

El comprometedor contenido político de estos diarios explica que el gobierno italiano los mantenga todavía en secreto y que sólo haya autorizado la publicación de esta primera parte, cuya difusión pública ayudará a comprender mejor la retórica de cartón piedra del fascismo italiano.Telam

ml

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