Argentina/ Justicia poética en el Parque de la Memoria

Por Viviana Ponieman

Corría 1994, en medio del furor de las privatizaciones, cuando Trigo -integrante del equipo de diseñadores del Correo Argentino- descubre en un viejo depósito del Palacio de Correos, unas fichas que instruían al bibliotecario sobre los libros y revistas que estaban censurados y debían ser retirados de circulación.
“Fue la mirada de un artista la que rescató del abandono y de la negligencia, la que decidió preservarlas y resignificarlas, tornando público lo que una vez fue secreto” nos dice la coordinadora artística del Parque de la Memoria, Florencia Battiti.

Dieciséis años después estas fichas convertidas en la obra “Memorial” nos relatan parte de nuestra historia, gracias a que este artista decidió que su lugar era junto al Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado.

La artista Rini Hurkmans vino al país, con apoyo de la embajada de Holanda, a mostrar su obra y a hacer las tomas fotográficas, que serán la base de su trabajo: “Pietá de Argentina”.

Entre dos vidrios especiales y de gran tamaño se aplica la imagen, para sobrevivir a la intemperie. De esta manera vemos a través de la transparencia de “la piedad argentina” una mujer que nos mira de frente, sentada en una silla, sola, y que sostiene en sus brazos, lo que queda de su hijo, la ropa sin cuerpo.

Este trabajo que la artista diseñó a partir de una serie que comenzó en 1993; donde ella misma se fotografiaba cada dos años, en distintos espacios exteriores, sentada y sosteniendo sus propias esculturas, registra tanto el cambio de la artista como del entorno. Pero esta vez ella no podía “ponerse en el lugar de la madre de un desaparecido” por lo que recurre a otra mujer como modelo.

Y como la pérdida no es única, no es un sólo hijo, son muchos los desaparecidos, distribuye pilas de ropa tirada en el suelo. De lejos se verá “la piedad” rodeada de colores, como si fuera un parque regado de flores.

Esta pantalla, nos muestra a la mujer siempre de frente, mirando al río, o mirando hacia la ciudad. Es como un espejo de tiempo clavado en la tierra, superpuesto y coincidente con el paisaje real, con el horizonte. Entonces, no sólo podemos ver a través de ella sino que en función de los cambios de luz vemos nuestro reflejo de un lado o del otro.

Así como el color se contrapone a la realidad más cruda, y aunque conocemos a las “Madres” que no se quedaron sentadas, que salieron a buscar a sus hijos y nietos, que caminaron la plaza todos estos años. Que generan esa fuerza y trasmiten movimiento. Aquí es como descubrirlas en un momento íntimo, tal vez como si les diéramos un descanso. En este espacio, que constituye el primer y único lugar para la memoria, que contiene todos los nombres que se conocen, cerca del río donde muchos fueron arrojados.

Dos maneras de creación, que desencadenan diversas poéticas de la memoria. Una a través de los objetos encontrados, por Fabián Trigo que pugnan por contar su secreto. La otra en la foto congelada de un momento de terror y dolor, que dibuja la intemperie y la soledad, nos refleja el vacío, lo vulnerable de nosotros mismos. Lo abismal de perder al hijo, al hermano, al amigo, y no tener el cuerpo.

Se sabe que si no hay cuerpo del delito, no hay crimen. Suponemos que ése fue uno de los motivos del ocultamiento. Pero también sabemos que más temprano que tarde estos objetos, estas historias, estos cuerpos aparecen, y como ahora, se puede hacer justicia.

Mientras caminamos hacia el río por la herida abierta en esta tierra.Telam

ml

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